Las familias Argentinas se endeudan cada vez más

La morosidad en los créditos a familias en Argentina entró en una zona crítica. En apenas doce meses, el porcentaje de préstamos en situación irregular para personas físicas se cuadruplicó: pasó de 2,67% en enero de 2025 a 10,6% en enero de 2026, el nivel más alto en casi dos décadas. El salto no solo marca un récord estadístico, sino que expone un deterioro profundo en la capacidad de pago de los hogares.
Los datos surgen del último informe del Banco Central de la República Argentina, que confirma una tendencia que ya no puede leerse como coyuntural. La mora en el financiamiento al sector privado alcanzó el 6,4% en enero, con una suba de 0,8 puntos porcentuales respecto de diciembre y un incremento interanual de 4,77 puntos. En el segmento de familias, el deterioro fue aún más marcado: la suba mensual fue de 1,3 puntos.
Dentro del universo de préstamos, el mayor nivel de incumplimiento se concentra en el crédito al consumo, históricamente el más sensible a los ciclos económicos. Los préstamos personales registraron una mora de 13,2% en enero, tras subir 2,2 puntos en un solo mes. Las tarjetas de crédito también muestran un deterioro acelerado, con una tasa de incumplimiento del 11%, 1,7 puntos por encima de diciembre.
Otros segmentos presentan niveles menores pero en ascenso: los créditos prendarios alcanzaron 6,3% (+0,5 pp mensual) y los hipotecarios, aunque todavía contenidos, llegaron a 1,3%.
El dato clave es que todos los segmentos tocaron en el inicio de 2026 sus niveles más altos desde al menos 2004, superando incluso los picos registrados en crisis recientes como 2019 o la pandemia de 2020-2021.
Dieciséis meses consecutivos de deterioro
Las estimaciones privadas anticipan que el problema no se detiene. Según la consultora 1816, basada en datos del Central de Deudores (Cendeu), la proporción de familias con atrasos pasó de 10,6% en enero a 11,2% en febrero. De confirmarse, implicaría el decimosexto mes consecutivo de aumento en la morosidad de los hogares.
El contraste con el segmento corporativo es significativo: la mora de empresas se ubica en torno al 2,8%-2,9%, mostrando un deterioro mucho más moderado. Esto refuerza la idea de que la crisis de pago está focalizada en los ingresos familiares, no en la estructura productiva.
El diagnóstico de fondo apunta a una combinación de factores macroeconómicos. La consultora LCG señala que la suba de la morosidad responde a tasas de interés activas elevadas en un contexto de salarios que no logran recomponerse.
A diferencia de otros períodos de alta inflación en Argentina, el actual escenario presenta una particularidad clave: las tasas reales se mantienen positivas. Es decir, la deuda no se licúa con el tiempo, sino que se encarece en términos reales. Esto altera el comportamiento histórico del crédito en el país y presiona directamente sobre la capacidad de pago de los hogares.
Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Luis Caputo, relativizó el fenómeno y lo vinculó a factores transitorios, como la volatilidad política del último año electoral. Según su visión, la solución pasa por consolidar la baja de la inflación, reducir tasas y extender plazos de financiamiento para facilitar el reacomodamiento de los deudores.
Sin embargo, los datos muestran una dinámica más estructural que coyuntural.
El sistema resiste, pero el riesgo crece
A pesar del deterioro en la calidad de cartera, el sistema financiero aún presenta niveles de cobertura elevados. Las previsiones representan el 89,2% de la cartera irregular, mientras que las reservas totales equivalen al 5,7% del financiamiento al sector privado.
El propio BCRA destaca que el ratio de cartera irregular neta de previsiones sobre la responsabilidad patrimonial computable se ubica en apenas 1,5%, por debajo de estándares internacionales. Esto indica que, por ahora, el sistema bancario tiene espalda para absorber el aumento del riesgo crediticio.
Pero esa solidez convive con una señal de alerta: la velocidad del deterioro.
Billeteras virtuales, en rojo
El panorama es aún más delicado fuera del sistema bancario tradicional. En entidades no bancarias, fintech y billeteras virtuales, los niveles de morosidad escalan a cifras mucho más altas, superando el 30% en algunos casos.
Firmas como Tarjeta Naranja registran una mora de 35,7%, mientras que Cencosud (Vea, Disco, Easy, Jumbo, entre otras) alcanza 25,5% y Credicuotas Consumo se ubica en 25,4%. En el ecosistema digital, Mercado Libre —a través de Mercado Pago— presenta un nivel de 14,7%.
Estos segmentos concentran a los sectores más vulnerables, que recurren al crédito para financiar gastos corrientes. El fuerte aumento de la morosidad en este universo revela un dato clave: el endeudamiento dejó de ser una herramienta de consumo para convertirse, en muchos casos, en un mecanismo de supervivencia.
Un síntoma de fragilidad social
El salto en la morosidad no es solo un indicador financiero. Es, sobre todo, una señal de tensión social. La aceleración del incumplimiento en créditos de consumo, el crecimiento sostenido durante más de un año y la extensión del fenómeno a canales formales e informales configuran un escenario donde el crédito empieza a mostrar su límite como sostén del nivel de vida.
Con niveles récord y una tendencia aún ascendente, la morosidad de los hogares se consolida como uno de los principales termómetros de la economía real: el punto donde las variables macro —inflación, tasas, ingresos— se traducen en una restricción concreta y cotidiana para millones de argentinos.