Pedro Pesatti: «Exportar sin industrializar no es desarrollo»

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El vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, planteó que el desarrollo de Vaca Muerta debe contemplar un proceso de industrialización y valor agregado. En ese punto criticó el extractivismo y la política pública apuntada solo a la exportación de los recursos naturales. Y defendió a la industria y las pymes que generan puesto de trabajo.

«Vaca Muerta tiene que ser una palanca de desarrollo, no una excavadora que arrase con el comercio, el turismo, las pymes y las economías regionales», indicó en un texto que publicó en sus redes sociales. Y subrayó: «Tiene que sumar, integrar, potenciar los motores que ya tenemos en funcionamiento y poner en marcha nuevos motores para hacer más grande nuestra economía».

Bajo el título «Vestir un santo desvistiendo a otro no es desarrollo», Pesatti ponderó la actividad en la cuenca neuquina pero advirtió sobre el «saldo perverso» que deja la exportación vacía. Realizó una fuerte crítica a la Ley Base y el DNU 70. Y defendió a Techint.

El texto

Hay un dicho popular que resume, con crudeza, muchos errores de la política económica argentina: vestir un santo desvistiendo a otro. Resolver un problema creando varios nuevos. Ganar por un lado, perder por todos los demás.

Vaca Muerta no debería ser eso.

​Nadie discute que Vaca Muerta puede y debe ser un éxito como modelo exportador, generando dólares y ampliando la capacidad del país. El problema aparece cuando ese éxito no comprende un plan para generar más fábricas, más industrias, y sin integración productiva. En un esquema de apertura indiscriminada, lo que crece por un lado termina arrasado por el otro. Hasta el dueño de Mercado Libre lo ha dicho con otras palabras! Y el caso Techint es una muestra, junto a las 80 mil pymes que giran en torno a la principal industria argentina, del modelo económico, político y social que quedó consagrado en el DNU 70, en la Ley Bases y en el Pacto de Mayo.

Porque cuando solo extraemos y exportamos, pero no industrializamos, el saldo termina siendo perverso: crecen las exportaciones energéticas, pero se cae el comercio; entran dólares, pero se pierden pymes; mejora un sector, pero se destruye empleo; se fortalece una actividad, pero se debilitan economías regionales, como la fruticultura; y el atraso cambiario termina golpeando al turismo, una de las actividades más federales que tiene la Argentina.

Eso no es desarrollo. Es reemplazo de actividades y no es diversificación. Es concentración, lo opuesto a la integración. Es, en resumen, crecimiento parcial que termina empobreciendo el entramado productivo, pulverizando jubilaciones y destruyendo el poder adquisitivo de los salarios.

​Pero lo dicho no es una discusión nueva. Arturo Frondizi lo expresó con una claridad que hoy vuelve a ser imprescindible: “El desarrollo es el nombre del nuevo destino argentino”.

​Y no se trató solo de una consigna. Frondizi fue el presidente que logró el autoabastecimiento hidrocarburífero, articulando de manera inteligente al sector público y al sector privado, con planificación, reglas claras y un objetivo estratégico nacional. Para él, los recursos naturales -ayer el petróleo, hoy el gas- no eran un fin en sí mismos, sino una herramienta para industrializar, generar trabajo, sustituir importaciones y fortalecer la economía argentina en su conjunto.

Vaca Muerta tiene que ser una palanca de desarrollo, no una excavadora que arrase con el comercio, el turismo, las pymes y las economías regionales. Tiene que sumar, integrar, potenciar los motores que ya tenemos en funcionamiento y poner en marcha nuevos motores para hacer más grande nuestra economía.

​Si para “vestir” a Vaca Muerta terminamos desvistiendo al resto de las actividades económicas, habremos cometido, otra vez, el mismo error histórico: confundir crecimiento con desarrollo. Y ese error, la Argentina ya lo pagó demasiadas veces.(ADN)

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