Fortalecernos para competir afirmó Rubén Pallone, Presidente de la Cámara Industrial de Manufacturas del Cuero y Afines

Como dirigente de un sector Pyme que genera una gran cantidad de puestos de trabajo, aporta con sus obligaciones tributarias y colabora con sus exportaciones al ingreso de divisas, como es la industria de las manufacturas del cuero y afines, me siento en la personal obligación de reflexionar sobre los peligros que nos acechan, en este momento tan delicado que está atravesando nuestro país.
La familia marroquinera está compuesta por algunas empresas de mediana envergadura, y por innumerables Pymes y Micro Pymes que trabajan todos los días ofreciendo sus productos en el mercado interno. En los últimos años, se incorporaron con distintos niveles de desarrollo y de formalidad, una enorme cantidad de emprendedores que vieron en este sector la posibilidad de generarse un proyecto de crecimiento personal y profesional.
Este fenómeno espontaneo y autogenerado, requiere de mucho apoyo para su desarrollo en empresas formales, y son una materia prima que los Estados deben valorar por su enorme potencialidad. Este fenómeno explica el crecimiento de muchos países que hoy son potencia económica y que supieron aprovechar en su momento el empuje y entusiasmo de estos sectores.
Sin embargo, en este momento en que estamos a punto de elegir un nuevo gobierno por los próximos cuatro años, y cuando el país tiene por delante perspectivas muy alentadoras, por la calidad y cantidad de sus recursos naturales y humanos, que le van a permitir salir rápidamente de esta crisis, nos encontramos con que uno de los espacios políticos en competencia, nos dice abiertamente a los industriales que nos van a dar dos años para adaptarnos y competir con el mundo, o ir a la quiebra.
Nuestro sector fue muy importante, en el país producíamos todo lo que el mercado requería y con muy buena calidad, y además tuvimos picos de exportación donde nos ubicábamos entre los primeros en productos industriales. Las políticas de apertura indiscriminada en condiciones macroeconómicas absolutamente desfavorables hicieron que cientos de empresas cerraran sus persianas y se perdieran miles de puestos de trabajo, y mercados internacionales.
Hoy el sector está muy disminuido, pero mantiene su potencialidad que se expresa en el prestigio internacional de sus productos, la constante innovación, tecnificación y profesionalización de sus empresas, y en los nuevos jugadores que espontáneamente se están incorporando. Claramente no estamos en condiciones, ni lo vamos a estar en dos años de competir de igual a igual con las potencias industriales de Asia, que se desarrollaron precisamente fomentando a sus emprendedores, generándoles las mejores condiciones para su crecimiento y poniendo a todos los recursos del Estado a este fin.
Como todo el complejo Pyme, necesita estabilidad, un mercado interno con constante demanda agregada, una razonable carga tributaria, que premie la generación de empleo, financiamiento adecuado y un Estado atento a sus necesidades y que garantice el abastecimiento de materias primas e insumos difundidos a valores razonables, sobre todo si estos son producidos en el país. El mantenimiento de estas políticas durante un tiempo razonable, permitirán el fortalecimiento de nuestras empresas para hacerlas más competitivas.
Poner en el centro de la discusión las cuestiones de política financiera, cambiaria, y de especulación, por encima de la generación de valor a través del trabajo, y abrir totalmente la economía, so pretexto de mejorar la oferta a los consumidores, desconociendo el doble rol del ciudadano de ser productor de lo que consume a través de su trabajo, nos coloca en el peor de los escenarios a quienes solo sabemos y queremos producir.