Es crítica la situación de los productores de fruta fina por la caída del consumo e ingreso de importaciones

Lago Puelo, El Hoyo, Epuyén y El Bolsón producen más de 1.320 toneladas anuales de fruta fina en más de 220 hectáreas. Sin embargo, a cinco meses de una nueva cosecha, 150.000 kilos están en cámara de frío. Es por la disminución de las ventas a nivel nacional como consecuencia de la crisis económica y por la entrada de importaciones desde Chile a un menor precio. Los productores solicitan ayuda del Estado provincial a través de incentivos, mientras una cooperativa plantea como solución terminar de construir una planta de elaboración de jugos, helados y pulpa.

Es un trabajo de hormiga. Cuando la primavera está en su esplendor, en la Comarca Andina de Chubut, donde las montañas y el verde son una invitación al turismo y al descanso en un paraíso único, decenas de productores comienzan a cosechar con delicadeza la fruta fina que cuidaron durante todo el año.

El trabajo es arduo al sol de la primavera y se extiende hasta casi entrando en el otoño siguiente, para cuando la primera parte de la cosecha seguramente estará vendida, mientras el resto aguardará en cámaras de frío hasta que sea insertada en el mercado de la región. El objetivo es venderla a las grandes y pequeñas fábricas de dulces caseros que procesarán el producto en forma artesanal, para que luego llegue a miles de turistas y lugareños que viven en la zona.

El ciclo suele repetirse cada año, pero el presente duele a los productores de Lago Puelo, El Hoyo y Epuyén, del lado chubutense de la comarca, y de El Bolsón, en Río Negro. Es que a solo cinco meses de una nueva cosecha, todavía 150.000 kilos de fruta fina están guardados en cámaras de frío esperando ser insertadas en el mercado.

El motivo es la desigual competencia que generó la ampliación de las importaciones por parte del Gobierno nacional de Mauricio Macri, una invitación perfecta a los productores chilenos que con mayor potencial en cantidad y menores costos, pueden ofrecer un valor de mercado más atractivo. Así lo explicó Javier Mariño, jefe de la agencia de extensión rural que el INTA tiene en El Hoyo y que depende de la Estación Experimental de Esquel.

"Para la comarca la fruta fina es una actividad realmente importante porque genera mucho trabajo. Acá tenemos 30 fábricas de dulce, pero a partir del año pasado vemos una baja en la venta a nivel nacional por toda esta situación económica, y por otro lado por lo que pasa con las importaciones de Chile", explicó el ingeniero agrónomo que trabaja en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desde 2005 y a la vez es productor.

Según explicó Mariño, hasta el año pasado las trabas a las importaciones permitían que los productores pudieran "vender y moverse más tranquilos". Sin embargo, con este nuevo panorama todo cambió.
"Chile tiene unas 14.000 hectáreas de frambuesa y su costo de mano de obra es menor que el nuestro. Entonces estamos pegados a un país mega productor y al pequeño y mediano productor se le complicó el mercado cuando normalmente en mayo está todo vendido", aseguró.

Mariño explicó que la proximidad también juega en contra, ya que en menos de 24 horas un camión puede cruzar la frontera con un pedido.

INCERTIDUMBRE ANTE LA CRISIS

Según pudo confirmar El Patagónico, la Comarca Andina produce más de 1.320 toneladas anuales de fruta fina en más de 220 hectáreas. El promedio, según indica el responsable del INTA, es de entre 7.000 y 8.000 kilos de fruta por hectárea, con un peso promedio de 8 gramos por cada unidad, lo que evidencia el trabajo que conlleva una cosecha.

La producción se distribuye entre el mercado regional, con las dulceras de la zona que se quedan con el 60% de la producción, y el mercado interno del país, al cual a través de intermediarios de Neuquén y Buenos Aires se distribuye el 40% restante. Estos últimos son los que se han visto tentados por la apertura de las importaciones.

Como contrapartida la inversión para producir fruta fina puede rondar los $450.000 por hectárea, todo un número en tiempo de crisis. Así, la situación preocupa a los productores, ya que en los últimos meses se registró una disminución en el consumo interno por la crisis económica que atraviesa el país, lo que se suma al incremento de las tarifas de los servicios, principalmente de la electricidad, lo que conlleva un alza del costo de la cadena de frío del producto que debe mantenerse a una temperatura bajo cero, tal como dimensiona Andrés Kolb, presidente de la Asociación de Productores de El Hoyo, también consultado por El Patagónico respecto a esta problemática.
"Es complicado. Va a generar un gasto alterno y va a dejar muy poco margen de ganancia porque el mantenimiento en cámara genera un gasto bastante considerable. Pero no es una situación de punto final", argumentó el productor que tiene una cosecha de dos hectáreas que vende al consumo interno.

La preocupación sobre el futuro de la actividad quedó expuesta en un taller que el INTA organizó en mayo y donde cada productor planteó su situación. En ese encuentro estuvieron presentes integrantes de las asociaciones de productores de Lago Puelo y El Hoyo, los municipios de la comarca y la Cooperativa Agrícola Paralelo 42 que nuclean a los productores de la zona. Así, los actores coincidieron en pedir gestiones a nivel provincial para tratar de encontrar una solución.

Las alternativas variaron entre las deducciones impositivas y subsidios que puedan competirle al país vecino, también líder en venta de cerezas. Así finalmente hace unas semanas se presentó un informe al Gobierno provincial con algunas alternativas para atenuar la crisis.(elpatagónico)  

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