Gremios buscan armar una “multisectorial” para evitar que la reforma laboral sea sancionada en el Congreso

El gobierno quiere llevar la reforma laboral al Senado a mediados de febrero. Falta, aún, mes y medio, pero el camino se prevé ríspido. La CGT, cuya conducción ya dio su aval, se preocupa más hoy por definir internamente su futuro que por discutir o respaldar un proyecto. Mientras tanto, también recibe presiones de afuera: las dos CTA que conducen Pablo Micheli y Hugo Yaski buscan construir en el próximo mes un “frente sindical común” con todos los gremios que estén en contra de la reforma laboral y llevar las discusión a las calles. Con el antecedente de los hechos de violencia que se produjeron en torno de la reforma previsional, no se descarta un trámite difícil.
Luego de un año difícil para contener internas y fugas (hace sólo un año y medio que se unificó), la CGT dio una muestra de unidad al cerrar el 2017. A fines de diciembre, los triunviros de la central, Juan Carlos Schmid (Dragado) y Carlos Acuña (Estaciones de servicio), se sentaron con los llamados independientes, Gerardo Martínez (Uocra) y Andrés Rodríguez (UPCN), y con los ex jefes gremiales, “padrinos” de los dos triunviros, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo en persona. Estuvo también Roberto Fernández, de la UTA, que con su baja a último momento había hecho aún más débil el paro parcial de la CGT por la reforma previsional a mediados de ese mes. A pesar de los cruces, ratificaron la continuidad de la conducción y convocaron un nuevo Comité Confederal, entre marzo y mayo, para definir “el camino a seguir ante las políticas oficiales” y si se prosigue con el mismo esquema de conducción. Será después de que el gobierno presente el proyecto laboral en febrero. Mientras mantienen el hermetismo.
El mundo cegetista compone una constelación compleja. La reforma fue avalada por el triunvirato y fundamentalmente por Los Gordos (gremios de servicios que incluyen al tercer triunviro Héctor Daer, de Sanidad). A la conducción la critican con dureza los sectores más K, como el bancario Sergio Palazzo, y también el moyanismo, en voz del hijo menor de Hugo, Pablo Moyano, quizás un poco más calmado luego de que el gobierno otorgara nueva prórroga a la empresa postal OCA, ligada a Hugo, para pagar los $3.400 millones que debe a la AFIP. En el mundo gremial el gobierno cuenta con el respaldo de el grupo de las 62 Organizaciones Peronistas, que tras el fallecimiento de Gerónimo Venegas, quedó en liderada por su sucesor en la Uatre, Ramón Ayala.
“La reforma dejó de ser el proyecto del gobierno para ser el proyecto del gobierno y la CGT. El 80% del sindicalismo argentino, está en contra”, dice Pablo Micheli, de la CTA Autónoma y agrega: “Desde el 15 de enero van a haber algunas reuniones, para discutir las dos CTA, la Corriente Federal de Trabajadores (de Palazzo), y el moyanismo”.
Hugo Yasky, titular de la CTA de los Trabajadores, ya habla de “frente sindical común”. “Se va a ampliando el número de organizaciones sindicales y de regionales que cuestiona la decisión del triunvirato y el puñado de gremios que lo acompaña en la mesa chica. Estamos trabajando una multisectorial que en caso de que el gobierno decida enviar el proyecto al Congreso convoque acciones de movilizaciones y protestas”, dice y adelanta que habrá reuniones antes de fin de enero.
Según el diputado kirchnerista, el frente estaría compuesto por “las dos CTA, todo el espectro de movimientos sociales, regionales de la CGT que ya se expidieron en contra de este proyecto como la de Santa Fe, Río Negro, Tucumán, Mendoza, y sectores sindicales independientes”.
Hay un dato político central. Los senadores del peronismo, encabezados por Miguel Pichetto, ya advirtieron que no avanzaran con un proyecto sin el aval explícito de los jefes sindicales. Esperan una nueva señal de la CGT.