Falleció el exministro de Justicia, Alberto Iribarne

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Falleció Alberto Iribarne, un abogado peronista que se destacó en puestos claves a lo largo de distintas gestiones, con un perfil bajo, destacado en el plano académico y siempre cercano a su familia. Se destacó al frente del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos durante la presidencia de Néstor Kirchner y también fue designado embajador en Uruguay durante el gobierno de Alberto Fernández.

Iribarne fue un hombre que supo transitar por los distintos peronismos sin estridencias, con profesionalismo y en base al diálogo. Tal vez pocos dirigentes del Partido Justicialista pueden exhibir una trayectoria tan transversal como la de Iribarne. Nacido en Buenos Aires el 2 de agosto de 1950, egresó como bachiller del Colegio Nacional de Buenos Aires en 1968 y se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1974. Militante peronista desde joven, sus primeros pasos en la política los dio como asesor, entre 1976 y 1983, del escribano Deolindo Bittel, entonces vicepresidente primero a cargo de la conducción del Partido Justicialista durante los años más duros de la dictadura, período en el que participó de la redacción de documentos que denunciaban violaciones a los derechos humanos.

Ese origen marcó una carrera que, lejos de encolumnarse detrás de una sola línea interna, lo llevó a integrar equipos de gobierno de las más diversas vertientes del movimiento: trabajó junto a Carlos Grosso en la política porteña, fue funcionario durante el menemismo -donde se desempeñó varios años como viceministro del Interior-, ocupó la Secretaría de Seguridad Interior convocado por Eduardo Duhalde, de quien además fue jefe de campaña presidencial en 1999, y finalmente se acercó a Néstor Kirchner, a quien había conocido tiempo atrás cuando este era gobernador de Santa Cruz.

Pese a su paso por el menemismo, Iribarne siempre remarcó que nunca se había sentido menemista, y solía subrayar que jamás imaginó para sí una carrera política, aunque la vocación por el peronismo lo acompañó desde la juventud.

Su paso por el Ministerio de Justicia

Esa capacidad de moverse entre sectores del peronismo que muchas veces se miraban con recelo entre sí fue, según coincidían quienes lo conocieron, su marca distintiva: un dirigente de bajo perfil, poco afecto a la exposición mediática, que supo tender puentes antes que abrir grietas. Su cercanía personal con Alberto Fernández, forjada en la política del peronismo porteño, resultó clave en su designación al frente del Ministerio de Justicia en 2005, cargo que ocupó hasta el final del mandato de Kirchner en 2007.

Su gestión en el Ministerio de Justicia coincidió con la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad, tras la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final por la Corte Suprema en 2005. Impulsó la conformación de una comisión de juristas -donde participó Carlos Berald- para trabajar en un proyecto de reforma del Código Procesal Penal. Tuvo bajo su órbita al Servicio Penitenciario Federal, que dependía del Ministerio de Justicia.

Como Ministro defendió la decisión de Néstor Kirchner de autolimitarse en materia de nombramiento de jueces, fiscales, defensores, a través del Decreto 222 y del 558 del 2003, en cuanto a dar a publicidad las candidaturas para designar jueces, para que todas las personas e instituciones interesadas pudieran formular sus observaciones, limitó aún más el rol que en la selección de estos magistrados tiene el Poder Ejecutivo, después de la reforma del 94. Tras dejar el cargo en diciembre de 2007 fue propuesto como Embajador ante la Santa Sede, sin embargo, la sede papal no aceptó el placet debido a la condición de divorciado de Iribarne y tras ocho meses de espera, Iribarne renunció a su postulación

Años después, en 2019, ya durante la presidencia de Alberto Fernández, fue designado embajador argentino en Uruguay, país en el que representó los intereses nacionales trabajando en el fortalecimiento de los lazos culturales, sociales y comerciales entre ambas orillas del Río de la Plata.

Además de su faceta política, Iribarne construyó una sólida carrera académica y profesional en el derecho. Se desempeñó como docente en las facultades de Ciencias Económicas, de Filosofía y Letras y de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y también dio clases en la Universidad del Salvador. Escribió tres libros, compiló otro y publicó numerosos artículos de opinión y análisis político en distintos medios del país. Más allá de los cargos y las responsabilidades públicas, siempre priorizó el tiempo con su familia y el cariño de sus hijos y nietos.

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