«Javier Milei les habla con el corazón y los ciudadanos le responden con el bolsillo»

La tabula rasa lanzada el 18 de mayo pasado en la Ciudad de Buenos Aires por el triunfal y eufórico Javier Milei no prosperó y los sectores políticos y el establishment afines creen que nunca fue sincero y con convicción el llamado, sino que primó su devoción hacia el apoliticismo por sobre la del economista devenido como rayo en Presidente.
Milei no es un constructor político y tampoco un estratega y menos un salvador, pero así lo vio más de media Argentina en el balotaje de 2023, aunque ya está perdiendo el encanto y enamoramiento de un sector que lo ayudó a ganar la mayoría necesaria en la elección que lo consagró Presidente.
El líder de La Libertad Avanza (LLA), entre diciembre de 2023 y diciembre pasado –apenas un año– sí fue capaz de concretar profundas y hasta hace poco impensadas reformas en la estructura administrativa del Poder Ejecutivo, con un ajuste brutal que incluyó cierre indiscriminado de reparticiones y despido de miles de empleados.
Se trató de la famosa ‘motosierra’ de Milei, la máquina con cadena que funciona a alta velocidad y que corta árboles y que el líder libertario la utilizó como metáfora para cortar a voluntad y a veces sinrazón el tejido de ministerios y empresas públicas, ante el silencio y el aplauso de un sector de la sociedad.
Lo concreto es que alrededor de la mitad de la población aprobó y a veces festejó ese ajuste singular, que no fue a la casta política como prometió Milei, sino a los trabajadores estatales y a los jubilados y a áreas sensibles como la salud y la discapacidad y las universidades.
Pero el objetivo de reducir drásticamente el gasto en el Estado tuvo éxito y se inició una etapa de superávit fiscal, como premisa básica de una nueva receta y la economía, con desniveles, se fue recuperando lentamente hasta febrero de este año.
A partir de ahí, se estancó la economía y la volatilidad cambiaria, que venía detonada desde diciembre de 2024, ganó nuevamente las primeras planas y puso en vilo al plan económico, y en abril el Fondo Monetario Internacional debió auxiliar al Gobierno con dólares frescos.
Así se llegó con ‘tanques llenos’ a la carrera electoral del 18 de mayo en CABA, en la que La Libertad Avanza le ganó al peronismo porteño, que inesperadamente había picado en punta, y aplastó y humilló al Pro de Mauricio y Jorge Macri.
En medio de la euforia total, un exultante Milei lanzó la tabula rasa que nunca llegó a ser tal, a la vez que estalló la pugna palaciega entre Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia y jefa del armado electoral, y el asesor estrella Santiago Caputo, quien empezó a perder poder en detrimento de la hermana presidencial.
La herramienta de poder libertario, el ‘triángulo de hierro’, según Milei, fallaba en su base: Karina versus Santiago fue la película diaria de la saga de la Casa Rosada y las esquirlas hirieron y esmerilaron la gestión de La Libertad Avanza.
La rimbombante convocatoria renovada al Pacto de Mayo con los 24 gobernadores–que ya había quedado en la nada en 2024– no prosperó tampoco y, además, Milei renovó una política de confrontación con la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quien en un desplante poco protocolar no saludó en el Tedeum del 9 de julio, al igual que al jefe de Gobierno, Jorge Macri, a quien –descortés– dejó con la mano tendida en el aire.
En paralelo, también empezó a mostrar intolerancia y hasta desprecio hacia legisladores propios de La Libertad Avanza y afines como los radicales ‘peluca’, los de Encuentro Federal de Miguel Ángel Pichetto y los que responden a gobernadores aliados.
Lo mismo pasó con los mandatarios provinciales, hacia quienes emprendió un ataque sin miramientos, por lo que sólo le quedó cerca una minoría compuesta por los de Mendoza, Alfredo Cornejo; de Entre Ríos, Rodolfo Frigerio; y del Chaco, Leandro Zdero.
A la par, la ‘motosierra’ que recortaba con los ojos cerrados reparticiones estatales y despedía sin lógica a trabajadores ya no encontraba eco en una parte de la sociedad y el discurso de Milei empezaba a ser visto como “violento” y la gente rechazaba ahora los ataques a palos en el Congreso a los jubilados, médicos del Garrahan y padres de chicos con autismo.
“El discurso de Milei empezaba a ser visto como ‘violento’ y la gente rechazaba ahora los ataques a palos en el Congreso a los jubilados, médicos del Garrahan y padres de chicos con autismo.”
Las peculiaridades excéntricas y con rasgos algo despóticos del jefe de Estado ya no despertaban tampoco las simpatías ciudadanas de un año atrás, y los errores políticos y económicos forzados y no forzados ya no se le perdonaban.
El rechazo del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires en gran parte se debió a la caída de la economía, con foco en el conurbano con múltiples cierres de comercios y pymes y pérdida de trabajo, pero también a esos modales y aparición de casos de corrupción.
Milei había logrado bajar la inflación, y resulta un activo importante, pero ahora la lupa de los ciudadanos hace foco en que ya a mediados de mes los bolsillos empiezan a estar vacíos y el consumo se desploma.
A esa extrema preocupación, se suma la volatilidad –¡otra vez! del dólar y las sospechas de corrupción, al estallar como el Vesubio en Pompeya casos como el del Fentanilo, el del Banco Nación, el de las valijas en Aeroparque y el de las coimas en la Andis en discapacidad que implicarían a Karina Milei.
A su vez, la paliza electoral que le propinó el peronismo sembró más dudas acerca de la real fortaleza política del Gobierno, que mes a mes venía mostrando dubitaciones, debilidades y rencillas en el Gabinete y el Congreso.
Para muestra basta un botón, dice un conocido refrán español y el ejemplo fue la ampulosa y desacertada frase del ministro de Economía, Luis Caputo: “Compra campeón”, disparó. Irresponsable, invitando a la adquisición de dólares.
Y no fue la única paliza la del territorio bonaerense, ya que las sucesivas e históricas derrotas recientes en las cámaras de Diputados y Senadores, tienen a la Casa Rosada acorralada y contra las cuerdas.
Milei le echa la culpa de eso al “pánico político”, como lo define, pero a la par del alza del riesgo país y del dólar y los choques con el Parlamento y los gobernadores hace campaña como si nada con su espectáculo electoral ‘pánico show’, que ya no hace latir a multitudes como en 2023.
Pero la intriga es el futuro del modelo económico, que parece tambalear por los mismos motivos que crujieron las gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández, y se suma que el Gobierno ha perdido la iniciativa, el rumbo y ve fantasmas por doquier.
La sed de dólares en el Banco Central ya no puede recibir inyecciones extraordinarias de la moneda estadounidense de parte del Fondo Monetario Internacional como las que tuvo LLA en abril y como la que recibió Mauricio Macri.
El peligro es que el altísimo índice de riesgo país desalienta y mata inversiones, y el alza sin pausa del dólar parece un alud imparable que amenaza devorar en semanas las reservas de alrededor de 5000 millones de dólares guardados celosamente en el Banco Central.
Ahora el Gobierno desliza que Milei, a su regreso del viaje a Estados Unidos que inicia hoy, vendrá como Papá Noel con un cheque gigante de 10 mil millones de dólares para afrontar la escalada del dólar hasta el 26 de octubre, el día de la elección legislativa que marcará una bisagra para la Argentina.
De ser cierto ese inusual y extraño apoyo del Gobierno de los Estados Unidos habrá que ver la contraprestación.
Y, de ser así, si el regalo de Papá Noel servirá para apuntalar el largo ciclo de los dos últimos años que iniciará la administración libertaria el próximo 10 de diciembre.
Mientras tanto, mañana abren los voraces mercados de la City porteña, que esperan medidas para evitar la sangría de dólares, medidas que hoy definirá el presidente Milei y su staff económico, y que harán impacto directo en esos bolsillos de los ciudadanos que actualmente quedan vacíos el día 15 de cada mes.(Periodismo Federal/ Fernando Ramírez)