El papa Francisco volvió a pedir "una paz duradera" en Ucrania

El papa Francisco renovó hoy sus pedidos por "una paz duradera" en Ucrania, en su saludo a los fieles de ese país durante la audiencia general de los días miércoles en la Plaza San Pedro.

"Saludo con especial afecto a los niños, huérfanos y prófugos a causa del conflicto armado que todavía se da en el este del país", dijo el pontífice ante unos 28 mil fieles.

"Por intercesión de María Santísima renuevo mi rezo para que se alcance una paz duradera, para la población tan sufrida y ofrezca un futuro sereno a las nuevas generaciones", pidió.

El mes pasado, Francisco había lanzado una colecta, con la que él mismo colaboró, para que todas las Iglesias europeas contribuyeran para las víctimas del conflicto en el país del este europeo.

El Papa en la catequesis: Una escena que recuerda la dura reprensión del Hijo del hombre en el juicio final: “tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, estaba desnudo y no me vestiste” (Mt 25,42-43). Con ella, el Papa Francisco siguió explicando, a través de la parábola del rico y del pobre Lázaro, cómo Jesús ha llevado la Misericordia hasta su pleno cumplimiento, no sin dejar en claro aquello que Lázaro representa: “el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo en el cual inmensas riquezas y recursos, están en manos de pocos”.

“Queridos hermanos y hermanas. La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro presenta dos modos de vivir que se contraponen. El rico disfruta de una vida de lujo y derroche; en cambio, Lázaro está a su puerta en la más absoluta indigencia, y es una llamada constante a la conversión del opulento, que este no acoge”.

Si excluimos al pobre, excluimos a Dios. En la catequesis impartida en italiano, el pontífice nota un particular en la parábola: el rico no tiene nombre, mientras el nombre del pobre se repite cinco veces. Lázaro significa “Dios ayuda”, dice Francisco, e indica que al excluir a Lázaro, el rico no está considerando ni al Señor ni a su Ley:

“La situación se invirtió para ambos después de la muerte. El rico fue condenado a los tormentos del infierno, no por sus riquezas, sino por no compadecerse del pobre. En su desgracia, pidió ayuda a Abrahán, con quien estaba Lázaro. Pero su petición no pudo ser acogida, porque la puerta que separaba al rico del pobre en esta vida se había transformado después de la muerte en un gran abismo”.

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