Sigue avanzando por México la gran marcha migratoria rumbo a Estados Unidos

En un hecho que no tiene precedentes cercanos de semejante magnitud, avanza una caravana que comienza a mantener en vilo al continente, y es la encarnación del gran drama de nuestro tiempo: la desigualdad.

Es una corriente migratoria espontánea y cruda en necesidades, en dolor y en urgencias.

Los éxodos masivos, es verdad, forman parte de la historia, pero su recurrencia a través de los siglos, contemplando las posibilidades que ofrece el mundo actual en materia de tecnología, conocimiento y comunicación, representan un retroceso dramático.

Aquí no hay guerras declaradas o persecuciones deliberadas. Sólo personas escapando por una vida más digna.

Todo comenzó en un pueblo de Honduras, San Pedro Sula, donde alrededor de 160 personas decidieron caminar hacia Estados Unidos para huir del hambre y la violencia.

Ocurrió el 13 de octubre. Marchan desde entonces, y lo harán hasta completar un recorrido total de 3.800 kilómetros a pie. Día a día se les suman más personas. Hoy son alrededor de 7.000 emigrantes.

Caminan y caminan. Hay entre ellos muchísimas mujeres y niños. Tienen llagas en los pies, y muchos están enfermos, por las desastrosas condiciones en que se trasladan y las jornadas que pasaron bajo la lluvia. Avanzan varios kilómetros por día y juran que nada los detendrá.

Lo que se hizo visible es una tragedia humanitaria, que nadie atendió hasta ahora, cuando la imponente multitud avanza por rutas mexicanas y se reconoce como un problema delicadísimo de muy compleja solución.

Por lo pronto, el panorama asoma oscuro y desolador. Estados Unidos ya moviliza tropas militares para impedir que superen la frontera norteamericana.

Pero entre tanto martirio, una pequeña luz alumbra el alma y permite sembrar esperanza. Cada vez que la marea humana llega a un pueblo, los vecinos salen y les ofrecen comida, ayuda, ropa y asistencia.

Es una señal de que mientras los poderosos juegan su juego, alguien mira, entiende y se preocupa por los más débiles.

Alguien está de su lado. Aunque más no sean otros pueblos oprimidos como ellos. Más tarde o más temprano tendrán que escucharlos.

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