La salida de EEUU del acuerdo con Irán puede perjudicar a la UE y beneficiar a China, según analistas

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La salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán no sólo comenzó a golpear a la economía del país persa, sino también al mercado mundial de petróleo, cuyo precio se disparó a los niveles más altos de los últimos tres años.

El consecuente restablecimiento de sanciones amenaza, además, al futuro de las inversiones europeas en Irán, que corren el riesgo de ser castigadas por Washington, una situación que en el mediano plazo podría beneficiar a China.

La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de abandonar el pacto nuclear con Irán disparó los precios del petróleo a niveles desconocidos desde finales de 2014.

El temor sobre nuevas tensiones en Medio Oriente elevó el valor del Brent -de referencia en Europa- por encima de los 77 dólares, mientras que el Texas -de referencia en Estados Unidos- subió a casi 72 dólares, un salto cercano al 3 por ciento.

Irán, la segunda economía de Medio Oriente, es el tercer mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con unos 3,8 millones de barriles por día, alrededor de 4 por ciento de los suministros mundiales de petróleo, según datos publicados por Bloomberg.

Al retirarse del acuerdo, Trump anunció también que volverá a imponer "el nivel más alto de sanciones económicas, que entrarán en vigor entre agosto y noviembre próximos", reportó la agencia de noticias EFE.

Dentro de 90 días, se reanudarán las sanciones a las compras de dólares estadounidenses por el gobierno iraní, a la adquisición de deuda iraní y al comercio de oro; y en 180 días le tocará el turno a la compra de petróleo y productos petroquímicos iraníes y a las transacciones de instituciones financieras con el Banco Central de Irán, entre otros.

Si bien en el corto plazo el impacto de las sanciones parece limitarse al sector de hidrocarburos, los analistas advirtieron que las consecuencias económicas podrían extenderse a otros mercados.
"Ese no es el final de la historia, las sanciones de Estados Unidos podrían afectar a varias industrias (...) y comenzarán a limitar los precios de las acciones", alertó el analista de Mitsubishi UFJ Norihiro Fujito.

Desde la firma del acuerdo nuclear con Irán en 2015, fueron sobre todo las empresas europeas las que invirtieron en Irán, ya que el Viejo Continente mantuvo históricamente relaciones comerciales y diplomáticas más fuertes con Teherán que Estados Unidos.
"Las empresas temen que las nuevas sanciones afecten también sus negocios con Estados Unidos (porque) las firmas europeas corren el riesgo de ser castigadas si sus socios en Irán son incluidos en la lista de sanciones", dijo el presidente de la Cámara Alemana de Industria y Comercio (DIHK), Holger Bingmann, citado por la cadena Deutsche Welle.

Según la interpretación de la DIHK, los negocios ya establecidos no estarían protegidos.

Washington podría penar las operaciones de esas compañías en territorio estadounidense u obligar a las firmas estadounidenses a cesar sus actividades con esas empresas.

Alemania es el mayor socio comercial de lrán en Europa, aunque el año pasado el intercambio bilateral fue de sólo 4.170 millones de dólares.

La compañía alemana Siemens, que tiene contratos multimillonarios con Irán para construir ferrocarriles, centrales eléctricas y otros proyectos, adelantó que cumplirá con cualquier sanción, a la vez que espera que el posible impacto sea "inmaterial".

Lo mismo manifestó el fabricante europeo de aviones Airbus, que a finales de 2016 firmó un acuerdo de 19.000 millones de dólares para vender 100 aviones a la aerolínea nacional iraní Iran Air, de los que sólo entrego tres hasta ahora.

Mientras que la petrolera francesa Total, que firmó en julio pasado un acuerdo a 20 años por 5.000 millones de dólares -el más agresivo hecho por una empresa de hidrocarburos occidental en Irán-, intentará negociar una cláusula de irretroactividad, según el diario New York Times.

Una medida que buscará proponer el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, junto a otras "excepciones" a su homólogo norteamericano, Steven Mnuchin, para aquellas empresas europeas con contratos e inversiones ya acordadas.
"Más allá de las dificultades económicas que causará la salida estadounidense del acuerdo, es una cuestión de principios establecer sanciones extraterritoriales", señaló Le Maire a la radio France Culture.

Aunque el costo financiero de rescindir los contratos en Irán no debería ser muy alto para las multinacionales, dado su volumen de negocios a nivel global, éstas tienen interés en el potencial de crecimiento del país, que estuvo privado de inversiones durante años y tiene casi un 60 por ciento de su población de menos de 35 años, según datos de la ONU.

La potencia que puede continuar aprovechando este contexto es China, principal cliente y proveedor comercial de Teherán.

El gigante asiático es el principal destinatario del petróleo iraní: casi un tercio de sus ventas este año fueron a China, según la cadena CNN.

Y si las sanciones terminan asustando a los europeos, habría más crudo disponible para Beijing y, posiblemente, a precio reducido.

Más allá de la sed de oro negro de la potencia asiática, el gobierno chino y el estadounidense están atravesando una guerra comercial impredecible.
"Estados Unidos puede tener serias dificultades para convencer a China de que reduzca sus importaciones, dada la tensa relación entre Trump y Beijing", advirtió el economista de la consultora Capital Economics, Thomas Pugh.

Y sin China, los esfuerzos de Washington para castigar a Irán serían inútiles. Si Beijing continúa importando crudo iraní, el impacto en el mercado mundial de petróleo también sería relativo.

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