La ilusión de 160 familias por recuperar el trabajo en la Metalúrgica Tandil

La vigilia frente a Metalúrgica Tandil transcurre sin sobresaltos. En lo que fue el estacionamiento, en pequeños grupos, los trabajadores se turnan para custodiar que no salgan piezas ni maquinaria de la planta durante el período de conciliación obligatoria. En pocos días, pasaron de suspendidos a despendidos y nuevamente, a suspendidos. Ahora aguardan los resultados que puedan tener las gestiones que encabeza el intendente Miguel Lunghi ante la Provincia y la Nación, y en medio de la preocupación, se esperanzan con la posibilidad de que Renault dé marcha atrás con el cierre.
A pesar de las explicaciones públicas que dio la firma de capitales franceses –similar a las que expresó en los telegramas de despido-, los empleados no alcanzan a entender las razones que condujeron al cierre. Con un dólar más competitivo y tres modelos de camionetas que Renault planea producir en el país, consideran que Metalúrgica podría fundir piezas como el block o la suspensión. Aseguran que la fábrica trabaja con calidad gracias al sistema de horno y al laboratorio que aún son “de vanguardia en el mundo”.
Por otro lado, aún quedan en la fábrica piezas para entregar a Scania. Estiman que restan trasladar tres camiones con los carrier 22, que la firma encargaba en Tandil gracias a la calidad de producción de Metalúrgica.
En el acampe, durante la charla, surgen fundamentos técnicos y particularidades de una actividad que supo ser el motor de la economía local. En simultáneo, emergen las historias con nombre y apellido de algunos de los 160 trabajadores que luchan por su fuente laboral. Para ellos, la indemnización no es la salida, sobre todo para los más jóvenes, porque saben que implica comenzar de nuevo en medio de una profunda crisis económica.
“Mi señora se la pasa llorando”
Leonardo Navarro entró a Metalúrgica en abril de 2006, a través de una consultora, y quedó efectivo en febrero de 2007. Tras doce años en la planta, en el sector de fusión, transita días difíciles, con la incertidumbre como su principal enemiga.
Jefe de familia, tiene dos hijos, un varón de 12 años y una nena de 5. “Es una situación complicada, como la de todos y más en estos días”, lamentó.
“Todavía no soy dueño de mi casa, tengo la suerte de que mi viejo me alquila la casa y no me arranca la cabeza como los alquileres que piden hoy en día”, reflexionó a sus 34 años.
En su hogar, el tema central de conversación es la posibilidad de que Leo pierda su empleo. Su esposa le dice que él aún “no cayó” en cuanto al cierre de la fábrica. “La vengo llevando bien, pero tengo que levantar todos los días a mi señora porque se la pasa llorando, y no me gusta la idea de que los nenes vean eso”, confió.
Leonardo, que está capacitado para trabajar en los hornos de fundición, adivina que le será imposible conseguir trabajo en otra planta en las mismas condiciones que Metalúrgica.
“Desde que entré, valoré Metalúrgica Tandil. Siempre. Nunca me quejé del trabajo. Estábamos en muy buenas condiciones laborales. Más allá de que en mi trabajo es mi mundo y uno pelea con el gremio por estar un poquito mejor, vemos las fábricas que hay afuera, escuchamos y da vergüenza”, dijo en relación a las condiciones de seguridad e higiene de otras instalaciones.
Al evaluar las expectativas, dijo que “escuchar a Renault nos quita todas las esperanzas”, aunque deslizó que “ojalá” se pueda revertir el cese de la fábrica porque “es el deseo de todos”.
Tres generaciones
Los bocinazos de los automovilistas y camioneros que transitaban por Figueroa interrumpían la charla. Los trabajadores saludaban a todos y cada uno, en señal de agradecimiento al apoyo de la comunidad.
Inmerso en el ruido de los vehículos, Leandro Gómez contó que lleva 7 años en Metalúrgica, en el sector de mantenimiento. Antes, su abuelo y su padre trabajaron en la empresa, y hace unos meses se sumó su hermano Franco, de 19 años, que había conseguido su primer empleo tras egresar del secundario.
A poco de haber conseguido su vivienda en la urbanización del Procrear y con una cuota mensual de 10 mil pesos por el crédito, recibió la noticia de la suspensión y luego del cierre. Aún le quedan 18 años para pagar, lo que vuelve aún más desesperante su situación.
Con 29 años y dos hijas, Leandro afirmó que “tengo esperanzas todavía” y contó que en la planta “laburó mi abuelo, mi viejo, yo y entró mi hermano. Prácticamente nací acá adentro”.
“No caigo todavía. Es mucho tiempo invertido acá adentro. Es nuestra segunda casa”, resumió.
Franco se sentía afortunado por haber conseguido su primer trabajo en Metalúrgica, el lugar donde trabajaron su padre y su abuelo. Sus compañeros lo formaron y ya manejaba su oficio en el sector de pre rebabado. La noticia del cierre fue un baldazo de agua helada, un atentado contra su fuente de trabajo y la de sus ancestros.
“Es muy lindo trabajar acá”
Gerardo Fuentes llegó a Metalúrgica a través de un amigo que pertenece al sector de fusión, donde están los hornos. Se enteró que buscaban gente, y le dio un currículum para que lo entregara en recursos humanos. “A los dos días, estaba laburando”, resaltó y agregó que lleva 5 años en los emblemáticos galpones, en el área de pre rebabado.
Empezó de cero en el oficio. “Me gusta. Es muy lindo trabajar acá adentro. Esta es nuestra segunda casa. Nosotros estábamos doce horas trabajando acá adentro; entrábamos a las 13 y nos íbamos a la 1 de la mañana cuando esto caminaba y andaba. Las historias que tenemos acá son hermosas, anécdotas nos quedan para contar a nuestros hijos”, expresó.
Gerardo no recibió el telegrama de despido. “Hace poco que me mudé. Estoy alquilando. Tengo mellizos de 5 años. Nos habíamos mudado cerca, a cuatro cuadras, para estar cerca del trabajo y poder ahorrar en combustible. Entonces, este último tiempo, venía todos los días caminando”, dijo.
“Me impactó mal, fuerte, porque nos enteramos a través de Eco TV, ni siquiera nos llamó la gente de Renault para decirnos que nos íbamos a quedar sin nuestra fuente de trabajo. Eso fue lo más feo”.
En su nuevo hogar paga 10 mil pesos de alquiler. “Ahora vamos a ver cómo hacemos para seguir manteniendo a la familia”, explicó y adelantó que no le va a quedar otra que ir a pedir ayuda a Desarrollo Social del Municipio, como harán los 159 compañeros que están en su misma condición.
“Esperemos que el señor Intendente se ponga al frente de todo esto porque es el único que puede ayudarnos”, aseveró y reparó que hoy la construcción está parada, muchos comercios cierran y es difícil encontrar empleo.(El Eco)