El Gobierno no compra medicamentos que necesitan pacientes con hepatitis C y están en riesgo unas 1000 personas

 

Una lista de 470 personas con hepatitis C que se encuentran en grave riesgo espera desde el año pasado que el Ministerio de Salud de la Nación realice la compra de los medicamentos que necesitan esos pacientes, según reveló un informe elaborado por la Fundación Soberanía Sanitaria (FSS) en conjunto con la Fundación Grupo Efecto Positivo (FGEP). El estudio advierte, además, que el gobierno de Cambiemos desarticuló el Programa Nacional de Control de las Hepatitis Virales, el cual se encargaba no sólo de comprar y distribuir la medicación, sino también de rastrear a los pacientes de esta enfermedad en todo el país. Las personas infectadas en el país son alrededor de 500 mil personas, de las cuales unas 1000 se encuentran en estado crítico. Por estos motivos, la Dirección de Acceso a la Justicia y la Unidad Fiscal de Delitos de Seguridad Social, organismos que integran el Ministerio Público Fiscal, “solicitaron al Ministerio que de manera urgente garantice la provisión de los tratamientos”, alerta el informe.

“Desde que asumió el gobierno el Ministerio no hizo una compra nueva de medicamentos, sólo se hizo una ampliación de un 35 por ciento de la compra original. El stock se acabó hace más de seis meses”, aseguró en diálogo con PáginaI12 Nicolás Kreplak, presidente de la FSS y ex viceministro de Salud de la Nación. “Las 470 personas que están esperando la medicación son los diagnosticados graves que están en la lista del Ministerio. Estas personas se presentaron de manera espontánea, pero estimamos que el total de pacientes críticos en el país es al menos el doble, cerca de unas 1000 personas”, agregó, y señaló que “el Ministerio dejó de tener presencia en los servicios en donde se capacitaba fuertemente respecto a todas las novedades de esta enfermedad y estrategias de búsqueda de pacientes enfermos, ya que la hepatitis C en un principio no presenta síntomas en los infectados”.

El informe explica que la presencia del virus de la hepatitis C (VHC) en el cuerpo provoca en un 55 a 85 por ciento de los casos una infección crónica, lo cual “genera una enfermedad grave de por vida y causa cáncer hepático”, que “puede llegar a la cirrosis y a la falla hepática”. Esta enfermedad crónica, apunta luego, “es hoy la primera causa de trasplante hepático”, es “una importante causa de muerte en pacientes con VIH”, y “de no tratarse en forma oportuna, conduce a la muerte del paciente”. Kreplak detalló que los pacientes registrados en la lista del Ministerio son “quienes estaban en estado crítico antes de que se interrumpiera la medicación”, por lo cual “seguramente haya otros que entraron en estado crítico después”. Una vez que el paciente entra en esta condición, “el período hasta llegar al estado terminal de la enfermedad es en promedio dos años. Por ese motivo, un año sin entregar la medicación es un tiempo demasiado largo. Yo no descartaría que ya haya habido algún muerto”, afirmó el presidente de la Fundación.

Las estimaciones respecto a la cantidad de casos de infección con VHC en Argentina varía entre los 300 mil y los 600 mil casos, según las distintas fuentes presentadas en el informe. Una de ellas es la Organización Panamericana de Salud (OPS), que para 2015 calculó unos 332 mil casos, de los cuales sólo 116 mil estaban diagnosticados, es decir un 35 por ciento. El mismo organismo estimó que en ese año hubo 48200 personas con cirrosis hepática relacionada con el VHC y que en 2013 la cantidad de personas que murieron por cirrosis hepática fueron 2745.

En el año 2013, explica el informe, se descubrió que un medicamento llamado sofosbuvir tenía una efectividad cercana al 95 por ciento para curar la hepatitis C, con una tasa muy baja de efectos adversos. Esto significó una notable mejora frente a los tratamientos que existían anteriormente, cuya efectividad apenas superaban el 50 por ciento y tenían efectos secundarios fuertemente nocivos. En Argentina el medicamento se aprobó en septiembre de 2015 para ser comercializado por la empresa estadounidense Gilead, asociada con el laboratorio nacional Gador, como también por un genérico de industria nacional producido por el laboratorio Richmond. El permiso para el laboratorio nacional desató un conflicto con Gilead, que reclama la patente del medicamento en el país (ver aparte). El informe precisa que el valor del tratamiento de 12 semanas con las pastillas del laboratorio norteamericano ronda los 84 mil dólares, mientras que con la pastilla nacional es de 5850 dólares.

Una vez aprobada la medicación, el Ministerio de Salud de la Nación, encabezado entonces por Daniel Gollán, realizó una compra de urgencia de comprimidos de sofosbuvir 400 miligramos en noviembre de 2015 para los pacientes en estado crítico. “En la compra calculamos que los pacientes eran 2000. Como Richmond no llegaba a cubrir la medicación necesaria, alcanzaba entre un 60 y un 70 por ciento, compramos el resto a Gilead-Gador”, recordó Kreplak, y subrayó que “a todos los pacientes les fue igual de bien con las dos pastillas, lo cual demostró que los genéricos son igual de eficientes que los medicamentos de Gilead”. En la misma línea, un estudio del Hospital Italiano en el que 140 pacientes fueron tratados con las pastillas de los dos laboratorios llegó a la conclusión de que ambas tenían la misma efectividad. Esa compra sirvió para los tratamientos de 2016, pero una vez que se terminaron las dosis, el Ministerio no volvió a comprar.

El informe sostiene que la falta de medicamentos se da en un contexto en el que el gobierno de Cambiemos desarticuló el Programa Nacional de Control de las Hepatitis Virales. El ex viceministro de Salud describió que la principal función de este programa es “la provisión de medicación y de insumos reactivos para que puedan hacerse los test diagnósticos en todo el país. Esto ha dejado de funcionar”. “Cuando se descubre la cura de una enfermedad transmisible e infecciosa como ésta –continuó Kreplak–, es indispensable fortalecer la estrategia de pesquisa de pacientes. Esto implica empezar a categorizar, tener un catastro, saber cuántos son los infectados en el país, para luego tomar decisiones en función del avance de la enfermedad y del costo del tratamiento. Dejaron de tener presencia en los servicios en donde capacitaban fuertemente respecto a todas las novedades del VHC y estrategias de búsqueda activa de pacientes enfermos”.(Página/12)

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